Éxito de Antonio Vega en el Teatro Principal de Zaragoza

Las nueve de la noche es una hora un poco extraña para un concierto. Si cenas antes, lo haces demasiado pronto, si cenas después, es ya tarde.
Con tan sólo cinco minutos de retraso sobre la hora prevista, empezó a sonar el tema instrumental de su último disco “3.000 noches con Marga”. Un par de minutos después, los músicos fueron tomando posiciones y contacto con sus respectivos instrumentos. La banda la habitual en la actual gira: Basilio Martí a los teclados, Jorge D´Amico y Alberto Zapata, con sus guitarras eléctricas, Luis Miguel Balandrón al bajo, y Santi Muñoz en la batería.
Antonio Vega fue el último en aparecer en escena, pero empezó a tocar al unísono con el resto. El tema elegido para arrancar el concierto fue La última montaña. Le siguieron “San Antonio”, “Elixir de Juventud”, “Angel de orión”, “Pueblos blancos”, y “Hablando de ellos”.
Tras tocar esta media docena de canciones, Antonio Vega se dirigió al público por primera vez (si exceptuamos unos lacónicos “gracias” entre tema y tema): “¿cómo estamos, bien?”. “Bieeeeeeen” coreó buena parte del público. Alguien alzó la voz entre los demás para devolverle la pregunta a Antonio: “¿y tú?” Pero Antonio no estaba para chácharas, y sin más preámbulos ni presentaciones, guitarra acústica en ristre, empezó a desgranar la archiconocida “El sitio de mi recreo”.
Tras ésta, Antonio sí tuvo unas frases (muy elogiosas, por cierto) para presentar a Chema Vargas. “Tenemos una fe ciega en él”, dijo. Vargas fue recibido con un caluroso aplauso. Se metió al auditorio en el bolsillo desvelando que salió con una chica de Zaragoza con la que compartía entre otras cosas “una infinita admiración por Antonio. En algún momento dejé un poquito de mí aquí para siempre”. Cantó a dúo con Antonio una canción de su disco “Mundo en espiral”, grabado recientemente. En el escenario permanecieron sólo: Alberto Zapater, con una guitarra eléctrica, Basilio Martí, Antonio (sin guitarra, sólo poniendo voz), y el propio Vargas, con una guitarra acústica. El título del tema que interpretaron, es muy sugerente: “Escrito sobre el viento”. Tras despedirse Vargas, volvió al escenario el resto de la banda, para enfilar la recta final del concierto. Hasta este momento habían sonado ocho canciones y eran otras ocho las que restaban.
“Caminos infinitos”, fue la primera de esta segunda tanda de composiciones, posiblemente la más brillantemente ejecutada del repertorio de la noche, y una de las tres únicas que sonaron del último disco (salvando el instrumental del preludio, que sonó directamente del CD).
Después “Se dejaba llevar” (una de las más vitoreadas), “Me quedo contigo”, “Estaciones”
y “Háblame a los ojos” (con una versión que sonó excepcionalmente bien y fue recompensada con una de las ovaciones más intensas de la noche).
La última canción fue “Océano de Sol”, con un impresionante solo de guitarra de D’Amico y durante la cual, Antonio aprovechó para presentar a toda la banda.
Tras una cerrada ovación, Antonio volvió a salir al escenario para encarar “Una décima de segundo” con el único acompañamiento del piano de Basilio. El broche definitivo lo puso, cuál si no, “La chica de ayer”, con la banda al completo. Cuando se despidieron eran las diez y cuarenta minutos, así que el concierto duró algo más de hora y media.
A pesar de algunos comentarios que escuché al salir: “han tocado un poco acelerados”, “Antonio nunca canta bien”…, el público salió satisfecho con lo que se le ofreció, que fue ni más ni menos que lo que se esperaba. Para mi gusto, quizá fue excesiva la electricidad, apenas hubo guitarras acústicas. Demasiada potencia para un recinto acostumbrado a acoger representaciones teatrales, pero lo que no se puede negar es que todos los músicos de Antonio Vega saben lo que se llevan entre manos. Virtuosismo instrumental a raudales (en algunos momentos apabullante) y un esforzado Antonio Vega al que su banda lleva “en volandas”, para que el pueda recrearse a gusto, e incluso equivocarse, unas veces sin que se note, y otras sin que se note demasiado. Dieciséis canciones que encandilaron a los incondicionales.
Bien, Antonio y compañía, muy bien.
* En la foto, aspecto que ofrecía anoche el escenario del Teatro Principal, minutos antes de comenzar el concierto.
